dijous, 29 d’octubre de 2009

¿Qué demonios significa “jálogüin”?


Aquest article va ser publicat, fa uns anyets, en un periòdic del meu poble. Trobe que no ha perdut totalment la seua vigència. El deixe en castellà com va ser escrit originalment.


Clama la fauna progresista por una escuela pública laica. He visto por la prensa artículos con títulos de tanto pedigrí antirreligioso como “Dios fuera de las aulas”. ¡A las barricadas! ¡No pasarán! Afortunadamente la religión de nuestros mayores es sustituida en la escuela pública por valores universales: educación para la paz, para la igualdad de oportunidades entre los sexos, educación sexual... Sin embargo también en la nueva educación en valores existe lo que se llamaba “currículo oculto”, es decir, enseñanzas, saberes, que sin estar programados explícitamente van calando en la formación de los niños y las niñas. Sin estar programados o estándolo, que de todo hay. Por ejemplo, no existe ningún tema transversal que se llame “educación para el respeto y el amor a la escuela”. Debería haberlo. En cambio veo año tras año en el colegio público al que asiste mi hijo (excelente en muchísimos aspectos) cómo el fin de curso es celebrado con estrépito de final de tortura: ¡Por fin acabaron las clases! ¡Qué bien! ¡Se acabaron los rollos aburridos! Y cuánto tiempo, cuánto esfuerzo organizativo de maestros y padres (y maestras y madres), cuánta preparación se dedica durante el curso para... celebrar su final. Y aún no estaría mal la cosa si el evento consistiese en encuentros deportivos, juegos, teatritos, etc. (la parte del programa que ocupa la tarde de la celebración), pero, qué va, después de la popular cena de sobaquillo viene lo mejor: sobre un escenario de fiesta patronal de pueblo, entre luces de discoteca móvil y con los decibelios pasados de rosca vemos desfilar a casi todos los alumnos y alumnas del cole interpretando algo que llaman pléibac. En esencia se trata de ejecutar una coreografía aeróbica al ritmo de alguna canción del tipo “a ella le gusta la gasolina”, “papi papi, papi chulo” o alguna otra sandez semejante. Todo un ejemplo de educación en valores. Las letras de esas pseudocanciones suelen ser machistas y violentas. No importa. Para eso se les ha educado durante todo el año en la igualdad de género, para incitarles a final de curso al ocio insomne, a la sexualidad alienante y al ambiente discotequero y macarrilla. Con todo, lo que me llama más la atención es eso del jálogüin. Recuerdo haber leído algo sobre el conocimiento de nuestra cultura y tradiciones en el currículo de enseñanza primaria y secundaria y por más que me esfuerzo no veo lo de los disfraces monstruosos, la sangre, el terror, y toda la parafernalia de la cinematografía americana de serie B. Sin embargo a finales de octubre mi hijo ha pintarrajeado en clase una careta de vampiro y me pregunta si puede ir a no sé qué fiesta de jálogüin. Imagino qué anatema progresista caería sobre algún maestro o maestra al que se le ocurriese hablarles a los niños sobre los Fieles Difuntos, sobre la festividad de Todos los Santos, sobre la piadosa costumbre de encender cirios en recuerdo de nuestros parientes muertos. ¡Oscurantismo! ¡Inquisición! ¡Fundamentalismo! Menos mal que eso no ocurre y nuestros hijos ¡también desde la escuela pública! son educados en la espiritualidad bastarda de las güijas, los horóscopos, los tarots, Fredy Cruger y toda la pesca. ¡Dios fuera de las aulas!, ¡Demos paso a la bruja Lola!

1 comentari:

Yolanda ha dit...

Buenísimo. Grcaias. Comparto y difundo en mi fb y Tt