dijous, 20 de desembre de 2012

Una plegaria por Michael Corleone



En su libro Razones para la fe, G. K. Chesterton comenta las contradicciones en las que caen los críticos del catolicismo, al acusarlo en ocasiones, e incluso simultáneamente,  ya de dulcificar falsamente la de por sí amarga vida de los hombres, ya de amargar artificialmente la dulce existencia humana. Chesterton resalta la contradicción no para resolverla sino para admitirla y hacer de ella seña de identidad del catolicismo: la dialéctica católica no se resuelve en una síntesis superadora sino que se eleva en una trágica exageración de los términos en conflicto. El creador del padre Brown ejemplifica esta paradoja en la sentencia del Cristo “todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará” (Mateo 16, 25) No hay síntesis entre fe y razón sino razón y fe que ni se anulan ni se distancian; no hay síntesis entre providencia divina y libre albedrío humano sino libre albedrío y providencia que no pueden aniquilarse la una a la otra ni admiten componenda alguna. El protestantismo es más “razonable”: encierra la razón en el mundo y sólo admite la fe para relacionarse con un Dios lejanísimo; absolutiza la providencia y niega la libertad humana… 


Y todo esto a qué viene. Viene a cuento de un comentario realizado por mi amigo Juan Ramón Gabriel sobre la trilogía cinematográfica de El padrino en la revista Encadenados Ahí se dice que “los actos litúrgicos católicos son la columna vertebral que sostiene la trama argumental de la trilogía de Coppola” y que en ella resuenan “los ecos trágicos de Esquilo y Shakespeare, la fuerza arrolladora y fatal del hado se conjugan con la predestinación  cristiana.” Creo que, todo y estar básicamente de acuerdo, cabe hacer algunas precisiones. Empezando por lo último.

Todo el sistema ético de los Corleone (al menos de Vito, Michael, Connie y Vincent) se explicita en una sola frase de Michael en la tercera parte, mientras abraza a su hija Mary: “Ardería en el infierno por mantenerte a salvo”. La paradoja católica de esta máxima es la misma que sustenta El revés de la trama, de Graham Green: el mayor  Henry Scobie, siguiendo a Jesús, siente un amor tan grande que “le lleva a dar la vida por sus amigos” (Juan 15, 13).  Pero eso no le salva sino que le lleva, como a Michael Corleone, a arder en el infierno. ¿Qué pecado han cometido si han dado la vida por los demás, por los que más aman? Justamente aquí aparece, creo, la tragedia clásica sobre la trama católica: Michael, Scobie, han cometido la terrible falta de la “desmesura” que lo griegos llamaban “hibris” y que relacionan con la “moira”, y los latinos con el “fatum”. El destino de Michael es cargar con los pecados de los Corleone, pero sólo el Cristo “llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre la cruz” (I Pedro 2, 24). El sacrificio de Michael Corleone no es sólo baldío (ni su hijo mayor ni Kay lo aceptan) sino que es, por desmesurado, sacrílego: la impresionante secuencia con montaje en paralelo (si se dice así) del bautizo, en la que Michael “renuncia a Satanás” mientras sus sicarios asesinan a varias personas supone la aceptación de su propia condena eterna. Y es necesario destacar que los Corleone (Vito al asesinar a Fanucci, Michael al asesinar a McCluskey y Sollozo, Connie al someterse a la autoridad de su hermano, al dar la orden de asesinar a Joey Zasa, Vincent al asumir el mando de la Familia) “eligen” su destino, eligen con libertad, con “libre albedrío”, condenarse por los demás. En este sentido, además del clásico pecado de hibris, los Corleone cometen el pecado imperdonable, la blasfemia contra el Espíritu Santo: negarse a sí mismos la posibilidad de la redención, negarse al perdón. Michael (que sufre pero no se arrepiente) así lo dice ante el Cardenal Lamberto y Connie lo escenifica dramáticamente insistiendo en la versión (falsa) de la muerte accidental de Fredo mientras abraza, como antes Mary, a su hermano.

La tragedia de los Corleone es no aceptar sobre sí mismos la Gracia de Dios porque entienden que esta Gracia no es un don gratuito sino que implica un precio terrible: el desamparo de los que aman. Así, la insistencia en la mostración de los sacramentos, (que en la teología católica son signos visibles de la Gracia) a lo largo de la trilogía tiene, desde luego, una funcionalidad estructural, pero también (y sobre todo) la misión de anunciarnos la magnitud trágica de la paradoja: la Gracia está ahí, si quieres aceptarla y el no hacerlo te condena y te condena no a cambio de salvar lo que amas porque incluso eso te será arrebatado.

La penúltima escena de la trilogía es una “Piedad” aterradora. Es el cristo blasfemo y vivo el que sostiene en sus brazos, ante Kay, Connie y Vincent, el discípulo amado,  a Mary muerta, arrebatada.

7 comentaris:

juan ramón ha dit...

Más allá de las consideraciones teológicas, hay una causa teleológica fundamental: la supervivencia de la familia, caiga quien caiga y cueste lo que cueste. La contemplación de su moribundo padre desata en Michael un resorte afectivo que le obliga a renunciar a cualquier otra consideración.En cierto modo, los lazos sanguíneos, la lealtad a la propia tribu, trascienden los imperativos religiosos, las consideraciones morales. Su aceptación del rito católico les sirve en tanto en cuanto mecanismo de preservación de la unidad familiar. El parricidio se instaura cuando un miembro de la familia conculca la lealtad que se le supone por derecho sanguíneo. La liturgia ha de acoplarse a los Corleone, no a la inversa.

Jesús Párraga ha dit...

Por supuesto, pero la paradoja trágica (la lucha por la conservación de la familia conduce a la pérdida de ésta y a la más absoluta soledad) no está prefigurada en la intención primera de aceptar al padre y luchar por su obra, no es una consecuencia necesaria si no aceptamos la incardinación "fuerte" en la teología católica por parte de Coppola y Puzzo (que además era ateo)
:-)

Carlos Pina ha dit...

Jesús cabe resaltar que Michael asesina de forma indirecta a su propio hermano (Fredo), este acto a mi parecer es el punto importante de la decadencia de la familia Corleone. Y el tormento que persigue a Michael hasta el día de su muerte.

juan ramón ha dit...

Porque la conservación de la familia va aparejada con la conservación del Poder. Sin ese Poder mafioso no hay ni familia ni "famiglia"

Anònim ha dit...

Hola Jesus:
He releido tu articulo y nuevamente me parece magnifico. A veces me he preguntado cual sera el destino de aquellos islamistas que se inmolan por Ala asesinando a tantos inocentes que ellos consideran infieles. La sorpresa de que, esperando el Paraiso, no contemplen la luz de Su rostro, por culpa de unos inductores que les dicen que lo hagan pero nunca lo hacen ellos.
Ayer fui a ver la pelicula de los cristeros mexicanos For Greator Glory y el tema tiene su similitud cuando, para defender la libertad religiosa, cristianos y algun sacerdote utilizan las armas contra el ejercito de los federales que los persiguen.
Ademas esta semana ha salido la noticia que, segun los escritos del Padre Llanos, Dolores Ibarruri habia muerto en la fe catolica, confesandose y comulgando. Y yo me pregunto, su arrepentimiento ¿es valido si no lo hace publico? Porque gran parte de sus pecados fueron aquellos en los que sus palabras, arengas y demas manifestaciones publicas llevaron a la muerte a tanta gente, enemigos a los que persiguio y partidarios a los que insuflaba el "resistir" y el "no pasaran" mientras huia del conflicto que alentaba.

Llorenc.

Jesús Párraga ha dit...

Moltes gràcies, Llorenç! I pel que fa a Dolores Ibarruri vull pensar que si es va equivocar va ser a favor dels pobres de la terra i si va morir en la fe catòlica què més públic que fer-lo davant de Déu? Un abraç, Llorenç!

Jesús Párraga ha dit...

Moltes gràcies, Llorenç! I pel que fa a Dolores Ibarruri vull pensar que si es va equivocar va ser a favor dels pobres de la terra i si va morir en la fe catòlica què més públic que fer-lo davant de Déu? Un abraç, Llorenç!