dimecres, 3 de desembre de 2014

Texto y discurso (para los amigos del grupo de filólogos de facebook por si aprovecha para algo)

 

 


Dirigido a estudiantes de 2º curso de Bachillerato

Jesús Párraga Serrano
Departamento de Castellano, Lengua y Literatura
IES de Albal.



            Es ya tradicional comenzar el estudio del concepto “texto” o “discurso” aludiendo a las limitaciones que en su día se advirtieron en la llamada “gramática de la oración”. En efecto: hemos visto en clase cómo los distintos subsistemas gramaticales (fonológico, morfológico, etc.) y las distintas disciplinas que se ocupan de su estudio tienen su expresión más acabada en la sintaxis y la unidad gramatical que llamamos “oración”. No obstante, los distintos conceptos sintácticos (sujeto, predicado, complementos, concordancia, dependencia, etc.) se demostraron incapaces de dar cuenta de algunos fenómenos que, teniendo una clara sustancia sintáctica, excedían las fronteras de la oración. En el ejemplo 1 podemos ver cómo es necesario considerar la existencia de una unidad gramatical superior a la oración en el funcionamiento de la Lengua:

Padre: –¡He visto a la yaya! Me ha dicho que va a venir a verte.
Niño (de dos años y algunos meses):  –¿Quién?
[Ejemplo 1]

            Para un oyente adulto es obvio que el sujeto de la segunda oración (elíptico) es correferente del complemento directo de la primera, mientras que el sujeto de la primera (elíptico) pasa a ser complemento indirecto de la segunda. La interiorización de este entramado de relaciones anafóricas presupone el desarrollo de lo que algunos autores denominan “competencia textual”. Competencia aún no desarrollada en el niño que necesita una aclaración (desambiguación) sobre quién va a venir a verle pues parece percibir los dos enunciados como entidades separadas sin relación entre sí (relación que en realidad es compleja). En cualquier caso fenómenos de ordenación y correlación de oraciones como el que hemos visto (sustitución por elipsis, redundancia, pronominalización, progresión de enunciados tema/rema...) escapan a la descripción sintáctica oracional y exigen la consideración de una unidad gramatical que hemos convenido en llamar “texto.”

            Paralelamente a las insuficiencias que hemos comentado (es también tradicional señalar el funcionamiento textual del uso del artículo), contribuye asimismo al proceso de acercamiento a la idea de “texto” la observación de éste en tanto que unidad comunicativa cuyo significado unitario excede (y en algunos casos incluso contradice) la significación de las unidades sígnicas que lo forman. Veamos un ejemplo:

–Juan es un perro.
 [Ejemplo 2]

            El significado literal del enunciado del ejemplo 2 sería algo así como “existe un perro (animal canino, doméstico, etc.) cuyo nombre es Juan”. Sin embargo no es necesario explicitar el contexto de este enunciado para que, como oyentes, infiramos que el significado contextual (convengamos, a partir de ahora, en denominar “sentido” a este tipo de significados) sería aproximadamente el siguiente: “existe una persona llamada Juan, poseedor de una serie de características tales que podemos compararle con un perro”. Desentrañar las coincidencias semánticas entre el tal Juan y el concepto “perro” supondría explicar el funcionamiento de la metáfora, lo que, por ahora, no hace al caso. Lo que nos interesa es destacar la falta de correspondencia que se da en ocasiones entre el significado del conjunto de signos que componen un discurso y la significación real de dicho enunciado (su sentido) en un proceso de comunicación dado.

            Tenemos, por lo tanto, dos vías de acercamiento al concepto de “texto”: una de ellas lo considera como una unidad más, de carácter en cierto modo sintáctico, totalizante, del sistema lingüístico; la otra insiste en la naturaleza del texto como unidad comunicativa cuyo sentido es de orden situacional, pragmático. Es necesario atender a esta doble vía y no confundirlas pues refieren a la venerable distinción saussureana entre Lengua y Habla y su consideración indiferenciada puede llevarnos a confusiones epistemológicas graves que repercuten en el análisis textual-discursivo. Dicho sea de forma esquemática y para aprovechar la diferencia terminológica entre “texto” y “discurso” (términos que muchos autores consideran sinónimos):


TEXTO
 

LENGUA
Unidad máxima de la Lengua definible como conjunto organizado y jerarquizado de signos de extensión indeterminada y cierre semántico. Se trataría, por lo tanto, de una unidad abstracta cuyas reglas de funcionamiento son explicitadas por una disciplina que podríamos llamar “Gramática del texto.”



HABLA
 

DISCURSO
 
Realización del texto en una situación comunicativa dada como unidad de comunicación con sentido unitario. De su estudio se ocuparía la “Lingüística del discurso” y la “Pragmática.”
[Esquema 1]

            Advirtamos que la diferenciación entre las nociones de “texto” y “discurso” como unidades de la Langue y de la Parole respectivamente no es algo estrictamente consolidado en la disciplina lingüística, sin embargo es una forma práctica de adscribir sentido a dos nociones que suelen confundirse y que puede resultar productiva en varios sentidos. En primer lugar nos permite definir el texto como máxima expresión del signo lingüístico sin extraviarnos en la vieja discusión sobre el significado como relación biunívoca con el significante en el seno del signo o como resultado del uso del signo en la comunicación concreta. Veámoslo de manera esquemática:

LENGUA
Signo Lingüístco = 
Significante
Texto =
Estructura Superficial

Significado
Estructura Profunda


HABLA
                                 Sentido                               
Discurso

[Esquema 2]

            Como vemos en el esquema 2, el significado pertenece a la Lengua mientras que el sentido pertenece al Habla (el referente, otro elemento considerado como parte del signo por algunos teóricos, estaría situado en la realidad extralingüística, en el mundo.)

            Significado y sentido pueden coincidir estrictamente en enunciados como el siguiente:

–Rin-tin-tin es un perro.
[Ejemplo 3]

            Pero difieren notablemente en el ejemplo 2.

            ¿Quiere decir todo esto que el uso de las palabras puede independizarse de su significado en el código de la Lengua? Creemos que no, pues el sentido que puede alcanzar una palabra (quedémonos por ahora en este nivel elemental) en su uso cotidiano está limitado por la significación de dicha palabra en el seno del sistema. Es decir, no podemos adscribir un sentido arbitrario a un enunciado (salvo en ámbitos de uso muy concretos como la poesía o la hiperconvencionalidad de las contraseñas) sin contar con una previa convención semántica (social, abstracta, propia de la Lengua) que permita la inteligibilidad del mensaje. Prestad atención a esto: al analizar un discurso no todas las interpretaciones son válidas sino sólo aquellas (incluso sobraría el plural) que responden a una relación de inteligibilidad entre significado y sentido, entre Lengua y Habla. Quizás otro esquema aclare algo las cosas:

LENGUA
Significante
/pérro/
Significado
+animado
+animal
.
.
.
+canino
+doméstico
+fidelidad
+fiereza
.
.
.
+pereza
+cariño
Semas denotativos
Semas connotativos

HABLA
Sentido
–Rin-tin-tin es un perro
–Juan es un perro
[Esquema 3]

            En “Rin-tin-tin es un perro” el sentido de “perro” deriva directamente de la significación denotativa mientras que en “Juan es un perro” el límite del sentido está en los semas connotativos que socialmente adscribimos al término “perro”, en este caso “+pereza”. De hecho si quisiéramos poner en funcionamiento otros semas como productores de sentido nos veríamos obligados  a modificar el mensaje: “Juan es un perro guardián” (+fiereza); “Juan es un perrito faldero” (+fidelidad)

            En mensajes más complejos la producción de sentido requiere, a su vez, de mecanismos de funcionamiento más sofisticado (modalización, implicaturas, inferencias...) que iremos estudiando al avanzar en el análisis de textos.

            Volvamos a la dicotomía “texto/discurso” que consideramos proporcional a la de Lengua/Habla y “significado/sentido”. De manera espontánea tenemos la tendencia a relacionar “discurso” con los usos orales de la Lengua mientras que “texto” remite a su uso escrito. Esta diferenciación no es estrictamente correcta: un discurso oral presupone un texto del cual es realización concreta y un texto escrito, al ser actualizado por el lector, se convierte en discurso. Sin embargo, incluso en el diccionario se nos remite al par “escrito/oral” para diferenciar “texto” y “discurso”. En cierta forma esta tendencia viene a confirmar la sentencia de Rousseau: “La escritura, que al parecer debería fijar la lengua, es precisamente lo que la altera; no cambia las palabras, sino el genio mismo de la lengua; reemplaza la exactitud por la expresión. Uno comunica sus sentimientos cuando habla y sus ideas cuando escribe. Al escribir se ve uno obligado a tomar todas las palabras en su sentido común; pero quien habla varía las acepciones con los tonos, las determina a placer.” Genialmente, Rousseau, establece la diferencia entre uso oral y escrito de la lengua (ver esquema anexo) y fundamenta nuestra opinión de que el texto tiende a la Langue (fijación, exactitud, ideas, sentido común) mientras que el discurso tiende a la Parole (expresión, sentimientos, cambio de las acepciones, importancia del contexto). Digamos que en el uso escrito de la lengua lo textual predomina sobre lo discursivo y en el uso oral lo discursivo predomina sobre lo textual. A partir de aquí podemos centrarnos en lo que va a ser el objeto fundamental del curso: el texto escrito de carácter expositivo-argumentativo. Para una caracterización final del concepto “texto” tenemos que considerar, por supuesto, el rastro de los discursivo en lo textual y diríamos: “Llamamos texto a la máxima unidad sígnica de la Lengua, de extensión imprecisa, compuesta de un conjunto de signos organizados y jerarquizados, con cierre semántico susceptible de producir un sentido unitario (una unidad de comunicación) en un proceso de comunicación dado.” Las características que consideramos definitorias del texto determinan sus propiedades y sus diferentes instancias de análisis:

TEXTO
Estructura Superficial
Nivel de la Cohesión
Mecanismos de Cohesión Textual
Gramática del texto
Estructura profunda
Nivel de la Coherencia
Mecanismos de Coherencia Textual
Lingüística del texto/discurso
Nivel de la Adecuación
Mecanismos de Adecuación a la Situación Comunicativa
Pragmática
[Esquema 4]

            Es necesario hacer notar que la propiedad del texto que llamamos “adecuación” es la marca de lo discursivo en lo textual. El texto escrito incorpora la adecuación a la situación comunicativa, propia del uso oral de la lengua en el que el entorno inmediato es decisivo para la producción de sentido. Esta incorporación posibilita una cierta indiferenciación teórica entre “texto” y “discurso”, permitiéndonos analizar el texto como un todo que es a la vez parte de la Lengua y puente entre ésta y el Habla.

            A partir de aquí podemos estudiar los conceptos de “Cohesión”, “Coherencia” y “Adecuación”