dilluns, 21 de novembre de 2011

¡Cuídate, España...!


¡Cuídate, España, de tu propia España!
¡Cuídate de la hoz sin el martillo,
cuídate del martillo sin la hoz!
¡Cuídate de la víctima a pesar suyo,
del verdugo a pesar suyo
y del indiferente a pesar suyo!
¡Cuídate del que, antes de que cante el gallo,
negárate tres veces,
y del que te negó, después, tres veces!
¡Cuídate de las calaveras sin las tibias,
y de las tibias sin las calaveras!
¡Cuídate de los nuevos poderosos!
¡Cuídate del que come tus cadáveres,
del que devora muertos a tus vivos!
¡Cuídate del leal ciento por ciento!
¡Cuídate del cielo más acá del aire
y cuídate del aire más allá del cielo!
¡Cuídate de los que te aman!
¡Cuídate de tus héroes!
¡Cuídate de tus muertos!
¡Cuídate de la República!
¡Cuídate del futuro!…
 
De España, aparta de mí este cáliz
César Vallejo (1892-1938), poeta... y profeta.

divendres, 11 de novembre de 2011

Un dels dos estava equivocat.

"No es tracta d'allò que aquest o aquell proletari, o fins i tot el proletariat en el seu conjunt, puga representar-se de tant en tant com a meta. Es tracta d'allò que el proletariat és i del que està obligat històricament a fer, conforme a aquest SER seu."
Karl Marx.


"El proletariat, abandonat a les seues pròpies forces tan sols pot generar una consciència sindical, és  a dir, la convicció de què és necessari reunir-se en sindicats, […] reclamar del govern la promulgació de tal o qual llei que els afavoreix en la seua lluita per obtener millors condicions de vida […] La consciència socialista tan sols pot ser introduïda des de fora”
Lenin.

dimecres, 9 de novembre de 2011

Quan tot té igual

La de voltes que he explicat als meus alumnes el concepte marxista d'alienació!  Com, allò que és creació (producció) humana es torna quelcom extrany i hostil envers el seu productor, i com aquest en ser-li expropiat el seu producte el sent  (i se sent) aliè, desposseït. No sé si l'adolescència, tan carregada d'ànsia creadora (o destructora), permet comprendre l'enormitat d'aquest concepte; si un xicon o una xicona de setze o dèsset anys pot experimentar la sensació que sentim ara moltes persones ja crescudetes en vore que no sabem res d'economia i que encara que sabèrem no hi podriem intervindre en cap sentit, que anys d'estudi i militància no aprofiten per a res davant d'unes eleccions on no hi ha manera de trobar una opció partidària adient, que no sabem definir creacions intelectuals com ara "esquerra", que el nostre sistema democràtic, el nostre estat, fins i tot la nostra classe són qualsevol cosa. Menos nostres. En fi. El mestre Krahe ho expressa molt bé: "cuando todo da lo mismo, por qué no hacer alpinismo."



La yeti (1ª parte)
Javier Krahe

Huyendo de Mary Pepa un buen día me enrolé
por poner tierra por medio y ya puestos a poner,
en un grupo de alpinistas que iban para el Everest.
“Paso la vida trepando, escalo la mar de bien”,
le dije al jefe del grupo. “Y tu novia te es infiel”,
respondió con cierta sorna. Pero me aceptó: “Anda, ven”
“Gracias, le dije, buen hombre, buen psicólogo es usted”.

Cuando todo da lo mismo
¿por qué no hacer alpinismo?

Y allá nos fuimos volando aunque yo prefiero el tren,
pero ellos no, y de eso no los pude convencer.
El Himalaya es enorme, ¡qué gran cordillera es!
y ésta su más alta cumbre –lo digo por si queréis
presumir de geografía– el Chomolugma o Everest,
donde el Nepal se acentúa y donde el Tibet también,
o sea, que está a caballo entre el Népal y el Tibét.

Y con tiempo favorable comenzamos a ascender,
ellos con sus banderitas, yo ya con dolor de pies.
Saltaré los pormenores, pasaremos un primer
escalón hasta alcanzar otra cota, otro nivel.
Camino del campo base unas huellazas ya se ven.
“Por aquí ha pasado el yeti”, dijo el bueno de Tinseng,
que era un sherpa veterano y que debía entender.

Aunque el frío era himalayo, de los que arruinan la tez,
estaba la nieve en calma y me apeteció ir a ver
como era aquello del yeti, porque tenía su aquél.
“Yo si no os importa mucho coronar el Everest
sin mi ayuda, pues os dejo y ya nos vemos después”.
Nos dimos fuertes abrazos, se fueron y, ahí me tenéis:
solito por esas nieves con un sandwich y un quinqué.

Con un quinqué y con ganas de aventura.
Con un sandwich y un quinqué tras la extraña criatura.
Iba pensando en mi ex: “Si me viera a estas alturas”.
Continuará...